No es Peter Pan quien escribe este mensaje….soy yo, alguien que no siente el paso del tiempo porque cada día tiene nuevos sueños, nuevas metas y muchos deseos de dar. Dispuesto a colorear la adultez con pinceladas de infancia y contaminar a todos los que me rodean con alegría y pensamientos positivos. No es el síndrome de la «eterna felicidad», es el propósito de no dejarme vencer por los obstáculos y las tempestades que acompañan el crecimiento. Es sentir la bendición que es poder realizar la labor que más disfruto hacer, rodeado siempre de esas personitas pequeñas (y otras ya no tan pequeñas),que nos muestran en cada uno de sus aciertos y errores cuán importantes y necesarios somos para sus vidas. Mantener el vínculo con el mundo infantil alimenta mis sueños cada día más.

Durante mucho tiempo cerraba los ojos y me imaginaba nadando con delfines, rodeado de ellos, me construía historias fantásticas, dedicaba tiempo a dibujarlos, recreaba escenas en mi mente que hubiesen sido el guión perfecto para cualquier película de aventuras. Siempre llamaron mucho mi atención, los visualizaba como criaturas de otra dimension, donde solo se les podia rozar con la imaginación. Como cada niño que escoge su animal preferido, yo siempre tuve a los delfines como almas gemelas en mi mundo infantil.

Al día de hoy comprendo que más que su afable y gracioso aspecto externo, siempre me conecté a ellos por sus sonidos, su inteligencia, la fuerza de su contacto visual, la rápidez y flexibilidad con la que se desplazan, la vida solidaria en grupos, la necesidad de comunicarse los unos con los otros, la protección que ofrecen a sus crías, las historias narradas desde tiempos lejanos donde se dice que han salvado la vida de muchas personas que han zozobrado en el mar, y por encima de todo la relación que logran establecer con los niños.

Pues después de «algunos años» tuve la dicha de cumplir ese sueño. Desde temprano en la mañana de ese memorable día sentí un huracán de emociones en mi pecho, cada minuto contaba, no estoy seguro si de tanta emoción rompí las barreras espacio-temporales y me fuí hasta mi infancia para traer a ese día al niño que dibujó ese sueño. Fue una experiencia única, de tanta alegría mi cuerpo provocó una estampida en el clima. Las nubes se agruparon todas, para ver lo que estaba por suceder y tuvimos lluvia, de tanto rozar entre ellas se sintió el redoble de «tambores», y hasta el mar comenzó a presumir danzando un vals. Si, definitivamente fue una maravillosa experiencia, donde tuve la dicha de disfrutar de la compañía de una hada, que por muchos años se ha atrevido a navegar conmigo por las aguas de la existencia.

La magia de ese encuentro con los delfines aún sabe a fantasía en mi pecho y estoy seguro de que podré repetirla muchas veces más, y para esos momentos ya no tendré que violentar el tiempo y al espacio, pues el niño que me traje al presente nunca más ha regresado al pasado, y vive minuto a minuto dentro de mi, decidido a recrear cada día con nuevas imaginaciones.

Publicado por Amado Alvarez

Apasionado educador con más de 30 años de experiencia en la educación de niños, adolescentes y jóvenes con necesidades educativas especiales .

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