Había una vez en un lejano pueblo, donde todos dedicaban mucho tiempo a jugar, se escuchó, por vez primera, un redoble de tambores, y el trote de muchos caballos, que paralizó el tiempo e hizo que todos levantaran su mirada al camino, para saber qué estaba por suceder en tan calmado lugar. Al pasar unos minutos se dejó ver por uno de los senderos , el que estaba vestido de flores y aromas, a un grupo de personas muy elegantes que lucían joyas y ostentosos atuendos.

Los habitantes del pueblo se acercaron curiosos y amables, mostrando la sonrisa y el buen carácter que siempre se regalaban en cada uno de los días vividos en aquel remoto lugar. Nunca antes habían visto más colores en trajes que en flores, más brillo en joyas que los que reflejan los rayos del Sol, caballos con arreos de oro que para nada lucían como los que ellos saludaban al pasar trotando libremente en la manada con la que elegían vivir para descubrir el mundo. Todos muy sorprendidos abrieron sus brazos para recibirlos y sin dudarlo ni un minuto los invitaron a jugar.

JUGAR? … Esa fue la respuesta de los recién llegados, mirándose los unos a los otros , bajo la duda de estar en el lugar correcto, después de haber recorrido un largo y extenuante viaje.

-No, no estamos aquí para perder el tiempo, y mucho menos para jugar. Siempre estamos muy ocupados, analizando y resolviendo asuntos muy importantes de las finanzas, la política, la guerra, la explotación de los recursos naturales, la expansión de nuestras leyes y religiones a otros mundos, en fin, no estamos dispuestos a perder un minuto de nuestras importantes vidas. Hemos logrado tanto que ya hasta nuestros niños crean proyectos para el desarrollo político y económico del continente donde vivimos desde que cumplen su primer año de vida. Jugar jajaja….jajaja (así reían todos los elegantes integrantes de esa comitiva).

Los ingenuos pobladores de aquel remoto lugar les escuchaban muy impactados y de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, sus caras se entristecieron y hasta las aves dejaron de cantar de tan sombrío en que se dibujó el cielo en ese mismo momento. Uno de los más ancianos del poblado dio un paso adelante y les preguntó: -Entonces, a qué han venido hasta acá, cómo les podemos ayudar?

Al instante, se escuchó una voz fuerte y determinada que venía de un hombre alto y fuerte que lucia una corona de oro, adornada en rubíes. – Estamos aquí , porque hemos venido a buscar la risa, la alegría, la felicidad. Es lo único que no tenemos y nos dijeron que aquí lo encontraríamos, cuánto les debemos pagar?

Todos aquellos sencillos y humildes habitantes del pueblo comenzaron a reír a carcajadas y hasta el agua de los riachuelos produjo sonidos de alegría al fluir con mayor ligereza. -Pues para reír y sentirse alegres, no tienen que pagar, sólo jugar. Jugar a la vida que para eso es la existencia!

Todos comenzaron a reír , mezclándose los unos con los otros, dejando en un viejo establo vacío todas las joyas y atuendos suntuosos, y se fueron a jugar. Jugaron a ser padres responsables y felices que disfrutan con sus hijos cada minuto del día, jugaron a plantar árboles y sembrar cosechas, jugaron a bailar y conversar en las tardes, jugaron a cocinar juntos y repartir el trabajo, pero sobre todo, jugaron con los niños, porque si no se siente la alegría desde pequeños, entonces no sabremos ser grandes.

Instagram infancia_y_desarrollo1113

Publicado por Amado Alvarez

Apasionado educador con más de 30 años de experiencia en la educación de niños, adolescentes y jóvenes con necesidades educativas especiales .

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14 Comments

  1. La amistad, la risa y alegria permanente, quien mejor la conservan son los nino, por eso tenemos que imitarlos,sin importar nuestra edad y recordar que todos tenemos un poquito de muchacho.

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